El curioso caso de las dietas bajas en proteínas y la longevidad

Fuentes: The curious case of low-protein diets
Imagen generada por IA con el prompt: Stylized editorial illustration of a slim laboratory mouse beside a small food pellet pile and a measuring scale, soft lab lighting, science magazine aesthetic, muted tones.
Imagen generada con IA

La ciencia lleva décadas documentando que restringir calorías alarga la vida de animales de laboratorio, pero un grupo creciente de investigadores se centra ahora en un factor concreto: la proteína. En experimentos con levaduras, insectos y roedores, reducir la ingesta proteica a niveles mínimos se asocia a una vida más larga y saludable, pese a la tendencia actual de recomendar más proteínas en la dieta humana. Las nuevas guías dietéticas de Estados Unidos, publicadas en enero, elevaron la recomendación de 0,8 a entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal.

Un estudio reciente comparó tres grupos de ratones: los que comieron pienso normal ad libitum vivieron un máximo de 1.008 días; los sometidos a una restricción calórica del 20 % alcanzaron 1.179 días; y los alimentados con una dieta en la que solo el 6 % de las calorías provenían de proteínas, con acceso ilimitado, llegaron a 1.115 días. Los ratones con dietas restrictivas presentaban además menor grasa corporal, mejores marcadores metabólicos (glucosa, insulina y sensibilidad a la insulina) y menor daño oxidativo acumulado en ADN y proteínas de varios órganos, sobre todo en la mediana edad.

Los mecanismos no se conocen del todo. Una hipótesis es que el exceso de proteína activa rutas de crecimiento que aceleran el envejecimiento, mientras que su escasez fuerza al organismo a un modo de alta eficiencia en el que recicla aminoácidos y prioriza la reparación. La hormona hepática FGF21 parece clave: avisa al cerebro de la falta de proteína y, sin esa señal, los ratones no solo no viven más con dietas pobres en proteínas, sino que mueren antes.

Desde la biología evolutiva, el investigador Stephen Simpson lo describe como una elección inconsciente entre "aprovechar el momento" —crecer y reproducirse cuando abundan los recursos— o "agacharse y resistir" —activar mecanismos de protección y reparación ante la escasez, a costa de reducir la fertilidad. Los ratones con poca proteína muestran de hecho menos espermatozoides y menos folículos ováricos. Aplicado a humanos, el mensaje es matizado: una dieta con menos del 7 % de las calorías procedente de proteínas causa malnutrición, no longevidad. Los expertos coinciden en que aún no se puede recomendar la restricción proteica como estrategia antienvejecimiento para personas, pero sí estudiar estos principios para comprender cómo envejecemos y cómo envejecer mejor.