El cuello de botella del perclorato de amonio amenaza la defensa de Estados Unidos

Fuentes: America's Missile Crisis: The Ammonium Perchlorate Bottleneck
Imagen generada por IA con el prompt: Editorial illustration of a solitary industrial chemical plant in a desert landscape at dusk, single smokestack, surrounded by stacked containers of white powder, conveying supply-chain fragility and strategic vulnerabil
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Estados Unidos enfrenta un cuello de botella crítico en su producción de municiones que compromete su capacidad de disuasión. Las reservas nacionales de ojivas y misiles han caído cerca de un orden de magnitud desde su pico durante la Crisis de los Misiles de Cuba, en parte por el apoyo armamentístico a Ucrania e Israel. Analistas del CSIS y de War on the Rocks estiman que, en un conflicto en el Pacífico entre China y Taiwán, las municiones estadounidenses podrían agotarse en apenas tres días, y los misiles de fase terminal de mayor capacidad, en las primeras 24 horas.

El origen del problema reside en la fabricación de motores de cohete sólido (SRM), limitada por el perclorato de amonio (AP), un oxidante que se mezcla con polvo de aluminio en una matriz de caucho y se cura durante varios días en entornos altamente regulados. Aunque nuevas empresas buscan entrar al sector, ninguna puede escalar la producción mientras dependa del mismo proveedor de AP. En mayo de 2026, Estados Unidos cuenta con un único productor nacional: American Pacific Corporation (AMPAC), en Cedar City, Utah.

Históricamente, el país tenía dos fabricantes. El 4 de mayo de 1988, una explosión en la planta de Pacific Engineering and Production Company of Nevada (PEPCON) en Henderson, Nevada —donde se almacenaban nueve millones de libras de AP— mató a dos personas, hirió a 372 y eliminó a uno de los dos proveedores. El accidente concentró toda la cadena en un único punto, de modo que un nuevo incidente podría paralizar la producción nacional de misiles.

El artículo propone como solución la expansión de misiles de propulsión líquida, alimentados por hidrocarburos comunes, peróxido de alta concentración y motores derivados de la industria aeroespacial comercial. Aunque EE. UU. abandonó esa tecnología en los años sesenta por motivos de seguridad, los avances en materiales y motores permiten replantearla como vía realista para diversificar la base industrial de defensa.