El colapso generacional de la lectura llega a la universidad

Fuentes: My Students Can't Read

Este artículo de opinión, escrito por un profesor universitario, parte de un episodio concreto: tras asignar a sus alumnos de retórica y escritura un texto de 20 páginas, la misma extensión que ha pedido durante cinco años, ninguno lo terminó. A partir de esa experiencia, el autor sostiene que existe un colapso generacional y medible en la capacidad de lectura sostenida y de escritura, y que la academia responde con improvisación en lugar de una reforma estructural.

El texto reúne testimonios y datos que respaldan esa observación. Adam Kotsko, profesor de la Shimer Great Books School de North Central College, escribió en febrero de 2024 en Slate que alumnos que antes manejaban 30 páginas por sesión se sienten ahora intimidados por más de 10. Una investigación de The Chronicle of Higher Education de 2024 replicó el patrón en centros tan dispares como el Stevens Institute of Technology y Wellesley College, donde la media de SAT supera los 1400. En Wellesley, el profesor adjunto Nicholaus Gutiérrez explicó que incluso un ensayo de 750 palabras resulta largo para muchos alumnos.

Los datos nacionales corroboran la observación. La evaluación de escritura de la NAEP de 2011, la más reciente de carácter exhaustivo, arrojó que solo el 24% de los alumnos de 12º grado alcanzó el nivel Proficient y el 3% el Advanced. Los resultados de lectura de la NAEP de 2024, publicados en septiembre de 2025, sitúan las puntuaciones en su nivel más bajo desde 1992: el 32% de los estudiantes de 12º grado no alcanza el nivel Básico, lo que, según la propia prueba, implica que probablemente «no pueden extraer conclusiones generales a partir de conceptos presentados de forma explícita en un texto». Y, sin embargo, más de la mitad de esos egresados han sido admitidos en una universidad de cuatro años.

El autor identifica tres causas. La primera es el teléfono inteligente: un estudio de 2017 de Adrian F. Ward y colegas en la McCombs School of Business de la Universidad de Texas en Austin demostró que la mera presencia del smartphone reduce la memoria de trabajo y la inteligencia fluida. Una investigación de 2022 de Motoyasu Honma, de la Universidad Showa (Japón), halló que la lectura en móvil produce sobrecarga del córtex prefrontal, inhibe la generación de suspiros y reduce la comprensión.

La segunda es la inteligencia artificial generativa. En junio de 2025, Nataliya Kosmyna y su equipo del MIT Media Lab publicaron el preprint «Your Brain on ChatGPT», en el que 54 participantes escribieron ensayos tipo SAT en tres condiciones, monitorizados con EEG. El grupo de ChatGPT registró hasta un 55% menos de conectividad neural que el grupo sin herramientas, rindió peor en métricas neurales, lingüísticas y conductuales, y el 83% no pudo citar una sola línea de su propio texto minutos después. Al volver a escribir sin IA, su actividad cerebral no regresó a la línea base: los autores denominaron a ese déficit persistente «deuda cognitiva».

La tercera es la pedagogía de la lectura al estilo Common Core, que en muchos distritos sustituyó la lectura sostenida por la extracción de «evidencias» a partir de pasajes cortos inconexos, el mismo formato de las pruebas estandarizadas que condicionan la financiación escolar.

El autor concluye que admitir a un alumnado que no lee a nivel universitario y simular lo contrario exige una respuesta estructural, no más adaptaciones.