El colapso del Bronce Final (LBAC, por sus siglas en inglés) fue una crisis simultánea que, entre aproximadamente 1220 y 1170 a. C., desmanteló el sistema de estados del Mediterráneo oriental y Oriente Próximo. Se considera el episodio más cercano a un «fin de la civilización» en la antigüedad, con consecuencias más severas que la caída del Imperio romano de Occidente, aunque hoy se sabe que no fue una ruptura total.
El Bronce Final (c. 1500-1200 a. C.) se caracterizó por la interconexión diplomática, económica y cultural entre las grandes potencias de la época: la Mesopotamia meridional bajo la dinastía casita de Babilonia, el Imperio asirio medio en el norte, los hititas en Anatolia y el norte del Levante, y el Nuevo Reino de Egipto en el sur. Esta «Concertación de Potencias» dependía en buena medida del comercio a larga distancia de cobre y estaño, los dos componentes del bronce.
La oleada de destrucciones se inició en el Egeo, con el hundimiento sucesivo de los palacios micénicos entre 1200 y 1180 a. C. y el abandono definitivo de centros como Micenas. El Imperio hitita, ya debilitado por la presión asiria y egipcia, desapareció hacia 1170 a. C. y su capital, Hattusa, fue destruida. La crisis se extendió después al Levante y alcanzó Egipto.
El artículo repasa los avances y los cambios recientes en la interpretación arqueológica y epigráfica del periodo, presenta el debate abierto sobre las causas —inestabilidad interna, migraciones, sequías, invasiones de los «pueblos del mar»— y analiza el impacto a largo plazo: una restructuración profunda del mapa político que dio paso a la Edad del Hierro y al surgimiento de nuevas entidades como los reinos hebreos, los estados fenicios y, más tarde, el dinámico mundo griego arcaico.
