El castillo de Santa Olalla del Cala, en la provincia de Huelva, es una fortaleza medieval mandada construir por el rey Sancho IV el 4 de noviembre de 1293 mediante un privilegio firmado en la villa de Toro. Su objetivo era defender el reino de Sevilla frente a las incursiones procedentes del norte peninsular y de las órdenes militares, así como de las amenazas del territorio luso. La fortaleza se integró en la Banda Gallega, una línea defensiva ubicada en las estribaciones occidentales de Sierra Morena que enlazaba visualmente otros castillos fronterizos y controlaba el paso de la Vía de la Plata.
El recinto se adapta al terreno rocoso con una planta alargada de 132 metros de longitud por 45 de anchura, que delimita una superficie de 4.610 metros cuadrados. Cuenta con diez lienzos de muralla y diez torres: seis poligonales o rectangulares, de influencia musulmana, y cuatro circulares, de origen cristiano. El aparejo combina mampostería careada con argamasa de cal, sillares graníticos en las esquinas e impostas de ladrillo mudéjar. El acceso principal se realiza por una ingeniosa Torre Puerta en recodo, con arcos de medio punto de granito, mientras que una poterna secundaria se abre en el flanco escarpado.
El cerro estuvo ocupado desde el Paleolítico y acogió un castro de la Beturia Céltica y restos turdetanos. Tras reformas en los siglos XIV y XV y varios cambios de propiedad, el patio de armas se convirtió en cementerio municipal hasta 1917. La Junta de Andalucía restauró la fortaleza entre los años noventa y 2006, y hoy está declarada Bien de Interés Cultural y abierta al público.
