El Carbon Black, un pigmento de carbono elemental utilizado en cosméticos y industrias, está regulado en la Unión Europea bajo condiciones específicas que distinguen entre su uso cutáneo y la exposición pulmonar. El Comité Científico de Seguridad de los Consumidores (SCCS) autoriza su empleo en forma nano, con partículas primarias de entre 20 y 30 nanómetros, en productos como sombras de ojos y delineadores, siempre que la concentración no supere el 10% y la pureza sea superior al 97%. Esta autorización se basa en la evidencia de que, aplicado sobre piel sana, no genera efectos adversos, a diferencia de la inhalación de polvo, que puede provocar inflamación pulmonar y se asocia con hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), carcinógenos de categoría 1B.
La normativa europea, que permite hasta un 10% de Carbon Black en cosméticos, excluye explícitamente las aplicaciones que expongan al usuario final a nanopartículas por inhalación. Estudios experimentales, como los de ratas expuestas a concentraciones de 7,1 y 52,8 mg/m³, demostraron lesiones pulmonares a altas dosis, mientras que a 1,1 mg/m³ no se detectaron efectos. La OSHA establece un límite de exposición laboral de 3,5 mg/m³, y la IARC clasifica el material como posiblemente carcinógeno (grupo 2B). Por tanto, la seguridad del Carbon Black no depende solo de su presencia, sino de la vía de exposición y las condiciones de pureza, lo que impide una prohibición general y permite su uso controlado en productos de maquillaje.
