En una variante del juego de Nim con fichas de valor ordinal infinito (ω, ω·2, ω²…), la partida siempre termina, aunque los jugadores no puedan precisar de antemano cuántos turnos durará. El artículo, publicado en un blog de matemáticas recreativas, explica que cuando se añaden fichas verdes que representan ordinales transfinitos, ya no basta con contar turnos: puede haber pilas con un ω que un jugador sustituye por un número arbitrariamente grande de fichas ordinarias (judías), prolongando indefinidamente la duración aparente. Aun así, la demostración de que el juego termina se apoya en una propiedad fundamental de los ordinales: la buena fundamentación (well-foundedness). Cada jugada del Nim produce un ordinal estrictamente menor, y como los ordinales no admiten cadenas descendentes infinitas, la sucesión de jugadas debe alcanzar ε_0 (y, en última instancia, el cero) en un número finito de pasos.
El texto recurre a la analogía de un programador que no puede estimar cuándo arreglará un bug, pero sí puede asegurar que en dos días sabrá cuándo podrá estimar la tarea; esa respuesta corresponde al nivel ω·2+1. Cuando intervienen fichas ω², las capas de "no sé cuándo sabré" se acumulan, y el inglés natural se queda sin表达能力 para describir la cota, aunque la teoría ordina sigue garantizando la terminación. Por último, la entrada conecta el principio con la recursión en programación: un programa recursivo termina precisamente porque opera sobre un argumento que decrece según un orden bien fundamentado, ya sea un número, la profundidad de un árbol de directorios o el número de elementos desordenados de una lista. Una entrega posterior promete una visión más uniforme de las pilas infinitas del Nim.
