El aumento de las temperaturas en el sur de Europa está generando una tendencia creciente de familias adineradas que abandonan sus residencias en zonas cálidas para trasladarse a regiones septentrionales más frescas. Este fenómeno, denominado 'migración climática interna', se ha documentado recientemente por The Wall Street Journal, que destaca casos como los de Gabriele Pohl, que se mudó de la Costa del Sol a Galicia, y Florence Chapelier, que pasó de Aix-en-Provence a Normandía. Ambas mujeres citan el calor extremo y la sequía como motivaciones principales para su cambio de residencia.
Los datos de mercado respaldan esta tendencia. En España, las provincias del norte, como Galicia, Asturias y Euskadi, registran un encarecimiento de la vivienda que supera la media nacional y un saldo positivo en la migración interna. En Francia, el precio de la vivienda en la costa atlántica subió un 9% en el primer semestre, mientras que Burdeos, afectada por incendios, vio una caída del 2%. Estudios académicos, como uno publicado en 2025 por la Universidad Complutense, indican que cada día adicional con temperaturas superiores a 35ºC se asocia con una caída del 0,08% en los precios de venta y del 0,15% en los alquileres en zonas afectadas, mientras que los precios suben un 0,3% en las zonas más frescas.
Expertos del sector, como Adrián Fernández-Pérez del University College de Dublín, señalan que esto ofrece oportunidades rentables para promotores e inversores. Asimismo, informes de CaixaBank Research y declaraciones de Sotheby's International Realty confirman un aumento en la demanda de propiedades en el noroeste peninsular y los Pirineos, atrayendo tanto a compradores locales como a extranjeros de Estados Unidos y Francia.
