Un informe del Work AI Institute de Glean, elaborado con investigadores de Notre Dame, Stanford y UC Berkeley, revela que los trabajadores de oficina dedican de media 6,4 horas semanales a 'botsitting' de inteligencia artificial. Esta tarea consiste en alimentar de contexto a la IA, verificar resultados, corregir errores y limpiar fallos, un trabajo no reconocido que está alimentando la frustración laboral. El estudio encuestó a 6.000 empleados a tiempo completo de EE.UU., Reino Unido y Australia entre diciembre de 2025 y enero de 2026.
Aunque el 87% de los encuestados usa IA en el trabajo y el 75% afirma que aumenta su productividad, solo el 13% considera que su organización rinde notablemente mejor gracias a ella. Según Rebecca Hinds, directora del instituto y coautora del informe, gran parte de la productividad perdida se consume en trabajo imprevisto. Hinds calificó el botsitting de 'a menudo tedioso' y 'agotador', y señaló que no se recompensa ni se mide dentro de las organizaciones.
El desgaste se refleja en la intención de abandono: los trabajadores que dedican una proporción inusualmente alta de su tiempo a botsitting tienen un 73% más de probabilidades de buscar otro empleo activamente. El informe advierte que estos empleados se sienten agotados, luego resentidos y finalmente actualizan sus currículos. Además, muchos pasan su tiempo trasladando información entre sistemas de IA inconexos y corrigiendo errores que las herramientas deberían evitar, actuando de intermediarios de tecnologías que no funcionan bien juntas.
La solución, según los investigadores, no es desplegar más IA, sino dedicar más esfuerzo a tareas alrededor de ella: proporcionar contexto adecuado, enseñar a usarla eficazmente y definir estándares claros de lo que constituye un buen trabajo asistido por IA. Las empresas que más avanzan invierten en ese trabajo periférico, no en aumentar el uso de la tecnología. De lo contrario, seguirán pagando el precio del botsitting y la fuga de talento.
