Una persona que disfruta tomando notas ha descrito en su blog personal un problema muy común entre quienes escriben en papel: acaba mimando cada libreta que empieza. Con el tiempo, las organiza, mejora la caligrafía, les pone tapas o pegatinas y termina con un cuaderno demasiado pulido como para seguir anotando cualquier cosa. El umbral para escribir se dispara, abre uno nuevo y el ciclo se repite.
Para romper ese círculo, ha creado un «dirt notebook» dedicado, al que ha bautizado como «The Drainage Channel»: un cuaderno viejo y abandonado, con papel de baja calidad donde sangra toda tinta de estilográfica, tapas que no se abren del todo y obligado a usar bolígrafos baratos. La idea es convertirlo en un canal de desagüe mental donde cabe de todo sin estructura: frases sueltas de podcasts, ideas para relatos, reflexiones personales sobre la propia vida, cosas aprendidas o por aprender, escritas tal cual, unas junto a otras.
Tras una semana usándolo, relata que ha sido divertido y que releerlo al final de la semana le ha permitido redescubrir pensamientos casi olvidados. Su objetivo inmediato es llenar este primer cuaderno sucio y aprender a asumir el desorden; una vez lo consiga, contempla volver a un papel de mayor calidad y a la tinta estilográfica, pero ya sin la presión de mantenerlo impecable.
