Un estudio liderado por la Universidad de Oxford ha revelado que la preferencia universal por la mano derecha en humanos tiene su origen en dos características definitorias de la evolución humana: el bipedalismo y la expansión del cerebro. La investigación, publicada en la revista PLOS Biology, analizó más de 2,000 individuos de 41 especies de primates utilizando modelos bayesianos que consideran las relaciones evolutivas entre especies. El equipo probó las principales hipótesis existentes sobre el origen de la lateridad, incluyendo el uso de herramientas, la dieta y la organización social. Los resultados muestran que los humanos destacan como anomalía evolutiva hasta que se incorporan al modelo dos factores: el tamaño del cerebro y la longitud relativa de los brazos respecto a las piernas, indicadores del bipedalismo. Los primeros homínidos, como Ardipithecus y Australopithecus, mostraban una preferencia diestra leve, similar a la de los grandes simios actuales. Con la aparición del género Homo, el sesgo se intensificó progresivamente hasta alcanzar el 90% moderno. Una excepción notable es Homo floresiensis, cuya preferencia débil concuerda con su cerebro pequeño y su adaptación a una combinación de bipedalismo y escalada.
El bipedalismo y el cerebro grande explican por qué somos diestros
