Un joven de 20 años de Texas fue arrestado a principios de 2026 por intentar incendiar la sede de OpenAI y la casa de su consejero delegado, Sam Altman, junto a un manifiesto anti-IA, un encendedor y un bidón de queroseno. El episodio forma parte de una oleada de ataques que preocupa a investigadores, industria tecnológica y fuerzas de seguridad por el auge del extremismo antitecnológico ligado al despliegue acelerado de la inteligencia artificial.
El reportaje repasa otros incidentes recientes: la detención en Roma de un influencer italiano de Instagram acusado de planear ataques antitecnológicos inspirados en el "Unabomber" Ted Kaczynski; el atentado mortal contra una mezquita en San Diego, donde dos "ecofascistas" citaron en su manifiesto el "AI slop" y los vínculos del vicepresidente estadounidense JD Vance con Palantir; y los disparos contra la vivienda de un concejal de Indianápolis opuesto a un centro de datos, junto a una nota con el texto "NO DATA CENTERS".
Investigadores como Jordyn Abrams, de la Universidad George Washington, y Yannick Veilleux-Lepage, del Real Colegio Militar de Canadá, sostienen que la IA se ha convertido en un nuevo motor de violencia política que trasciende la división izquierda-derecha y conecta a grupos muy diversos: milicias antigubernamentales, ecofascistas, neonazis aceleracionistas e individuos temerosos de una superinteligencia.
Los expertos señalan que la rapidez y la escala de la revolución de la IA, sumadas al discurso catastrofista de los propios directivos del sector, alimentan una narrativa radicalizante sin precedentes. A la vez, los líderes tecnológicos han disparado su gasto en seguridad: SpaceX pagó 4 millones de dólares en 2025 a la empresa de seguridad privada de Elon Musk, el doble que dos años antes. OpenAI y Anthropic han anunciado fondos para ayudar a trabajadores e instituciones a adaptarse al cambio.
