El arte perdido de cargar peso: furoshiki, bilum, namlo y otros sistemas ancestrales

Fuentes: The Lost Art of Carrying Loads

Mucho antes de las mochilas con estructura de aluminio y hebillas magnéticas, distintas culturas ya habían resuelto el difícil reto de transportar cargas pesadas por terrenos adversos. Este artículo recorre cuatro sistemas de carga tradicionales que aún desafían muchas suposiciones modernas sobre ergonomía y eficiencia.

En Japón, el furoshiki —un sencillo cuadrado de tela— funcionaba como bolsa de compras, portabotellas, envoltura de regalo o bandolera según el nudo empleado. Sin herrajes, casi sin peso y plegable, fue rescatado por el Ministerio de Medio Ambiente nipón en 2006 como alternativa a las bolsas de plástico.

En Papúa Nueva Guinea, el bilum —una red de fibras vegetales tejidas con una técnica de lazadas, no de tejido convencional— se adapta al cuerpo y al contenido. Su correa frontal desplaza el peso hacia el centro de gravedad, repartiendo la carga por todo el cuerpo en lugar de concentrarla en los hombros. La artesana Florence Jaukae Kamel, conocida como 'Bilum Meri', ha impulsado su uso contemporáneo y su valor económico para cooperativas de mujeres.

En el Himalaya nepalí, el sistema formado por el cesto cónico de bambú doko y la correa frontal namlo permite al porteador llevar el peso alineado con su centro de gravedad, recostándose sobre la ladera en vez de cargar sobre los hombros. Sin hebillas que se congelen ni cremalleras que se obstruyan, es uno de los sistemas más refinados del mundo para cargas pesadas.

Finalmente, en la Pampa argentina, el gaucho integraba sus enseres al cuerpo mediante la faja y la rastra, un cinturón de cuero adornado con monedas de plata y un facón en la parte trasera. Cada uno de estos sistemas demuestra que cargar bien depende tanto del movimiento como del almacenamiento, y que muchas soluciones tradicionales siguen vigentes hoy.