El arte no inventó al ser humano al revés

Fuentes: Humans did not invent art. It was the other way around

El ensayo parte del descubrimiento de las cuevas de Lascaux en 1940, cuyas pinturas, datadas en unos 20.000 años, no son las más antiguas conocidas. Frente a la pregunta habitual de cuándo y por qué inventamos el arte, el autor propone una inversión: quizá no fue el ser humano quien inventó el arte, sino el arte el que inventó a la humanidad. Para sostenerlo, recupera la anécdota atribuida a Picasso tras visitar Lascaux — «no hemos inventado nada» — y la contrasta con la «Oda a una urna griega» de Keats, que cierra con la célebre fórmula «belleza es verdad, verdad belleza». El texto distingue después dos modos de verdad a partir de Werner Herzog: la verdad contable, factual y verificable, y la verdad extática, reveladora y no reducible a enunciados. Analizando «Campo de trigo con cuervos» de Van Gogh, argumenta que la pintura trasciende los hechos representados y nos pone ante un exceso de significado. Esa experiencia muestra que el universo es inteligible sin razón discernible: el hecho de que los hechos puedan formularse es ya una verdad extática. El ensayo concluye que el misterio no reside en lo que significan los cuervos y el campo, sino en que signifiquen algo, en que el mundo se muestre cargado de sentido para un ser capaz de reconocerlo.