El arte moderno como arma cultural de la Guerra Fría: el papel del MoMA y la CIA

Fuentes: Modern Art as Cold War Weapon: How the MoMA and the CIA Shaped Cultural Diplomacy

El arte moderno estadounidense fue una pieza clave de la diplomacia cultural de Washington durante la Guerra Fría. En los años centrales del siglo XX, el expresionismo abstracto y otras vanguardias encarnaban el liberalismo, el individualismo y la libertad creativa propios de una sociedad abierta, en contraste con la opresión nazi primero y soviética después. Tanto el Departamento de Estado como la CIA respaldaron exposiciones de arte americano en todo el mundo como herramienta de la lucha por "los corazones y las mentes".

La relación entre el arte moderno y la diplomacia estadounidense arrancó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el Museo de Arte Moderno (MoMA) fue movilizado para el esfuerzo bélico. Fundado en 1929 por Abby Aldrich Rockefeller, el museo pasó a estar presidido en 1940 por su hijo Nelson Rockefeller, quien simultaneaba ese cargo con el de Coordinador de Asuntos Interamericanos de la Administración Roosevelt. Bajo su dirección, el MoMA ejecutó 38 contratos gubernamentales de materiales culturales y organizó 19 exposiciones de pintura contemporánea para América Latina. John Hay Whitney, sucesor de Rockefeller al frente del MoMA en 1941, definió el programa como "un arma de defensa nacional".

Tras la guerra, el programa internacional del museo quedó en manos de Porter McCray, quien en 1951 pidió una excedencia para trabajar en el Plan Marshall. En 1946, el Departamento de Estado gastó 49.000 dólares en adquirir 79 cuadros de artistas modernos para la gira "Advancing American Art", que viajó por Europa y América Latina con obras de Georgia O'Keeffe y Jacob Lawrence, entre otros. La muestra fue cancelada en 1947 tras el rechazo del Congreso y la opinión pública, que cuestionaba el uso de fondos públicos. La CIA, creada ese mismo año, asumió entonces el patrocinio encubierto de estas iniciativas a través de figuras como Thomas W. Braden, exsecretario ejecutivo del MoMA entre 1948 y 1949. Braden escribió después que el arte moderno americano había conseguido más reconocimiento internacional que cientos de discursos diplomáticos. Nelson Rockefeller lo bautizó como "Free Enterprise Painting", y la revista The New Yorker sintetizó su papel político como "The Unpopular Front": la prueba de que en Estados Unidos los artistas eran libres de crear, aunque al público no le gustara su obra.