El armario de TfL que guarda las moquetas perdidas del metro de Londres

Fuentes: The TfL Cupboard Filled With Lost Tube Moquettes
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En la octava planta de las oficinas de Transport for London (TfL) en Stratford se encuentra un armario metálico que, en lugar de archivadores, guarda una colección de muestras de moqueta: los diseños descartados del metro y los autobuses londinenses. Son las llamadas «moquetas perdidas»: patrones que nunca llegaron a instalarse en un tren ni a soportar el peso de un solo viajero, ni siquiera en el trayecto más corto entre Covent Garden y Leicester Square.

El extracto, firmado por Andrew Martin y tomado de la nueva edición ampliada de su libro «Seats of London: A Field Guide to London Transport Moquette Patterns», revela un aspecto poco conocido del proceso creativo del transporte público británico. Según Paul Marchant, responsable de diseño de TfL, la moqueta es un material peculiar: «No puedes tomar una decisión sobre ella hasta que ha sido fabricada». Los colores tejidos pueden variar mucho respecto a las tonalidades CMYK elegidas en pantalla retroiluminada. Por eso, el equipo de diseño de TfL recurre a su «manta de colores», una franja larga y multicolor que funciona como equivalente de la carta Pantone para la moqueta.

El armario contiene variantes de diseños recientes: una versión del nuevo patrón de la línea Metropolitan recién llegada del fabricante Camira, con un efecto «ruibarbo y natillas» poco apto para el trayecto a Amersham; una variante de Poplar, el diseño de la nueva moqueta del DLR, con una representación más literal de la arquitectura local; y una muestra del estudio Barber Osgerby para la línea Elizabeth, con las mismas rayas horizontales densas que el patrón elegido, pero en tonos cálidos (naranja, verde, marrón) y, sobre todo, sin el morado real.

También descansan allí una moqueta del material rodante S-Stock creada por el equipo de Marchant durante la pandemia, con rombos formados por finas diagonales que evocan telarañas, y dos diseños de Pat Barrow de finales de los años ochenta: uno en azul, verde y naranja para la línea Victoria, y otro en verde, negro y naranja para la District. Ambos fueron rechazados en favor de combinaciones más convencionales.

Martin reflexiona sobre estas piezas como representativas de «una realidad alternativa» tanto para los trenes como para los londinenses, ya que la moqueta, como cualquier objeto estético, influye en el estado de ánimo. El artículo cierra con una nota melancólica: ciertos aficionados preferirán siempre los patrones descartados, entregados a la ensoñación sobre los caminos no tomados.