El almacenamiento de energía por baterías ha alcanzado un punto de inflexión económico sin precedentes: en todos los 43 mercados globales donde se modelaron las tecnologías, el almacenamiento de cuatro horas es ahora más barato que las turbinas de gas de ciclo abierto. Según el último informe global de Wood Mackenzie sobre el coste nivelado de la electricidad (LCOE), esta tendencia marca un cambio estructural decisivo en la planificación de los sistemas de energía, desplazando a las turbinas de gas como tecnología de respaldo o pico en casi todas las regiones. Ahmed Jameel Abdullah, analista principal de Wood Mackenzie, describe este fenómeno como una transformación "decisiva y en expansión", impulsada por la escasez de turbinas de gas, la volatilidad de los precios del combustible y la continua reducción de los costes de fabricación de baterías.
En el Medio Oriente y África, donde la energía solar a escala de servicios públicos ya lidera con un coste de 37 dólares por megavatio-hora (MWh), el almacenamiento de cuatro horas se prevé que baje un 33% hasta alcanzar los 80 MWh en 2035. Este descenso elimina la ventaja económica de las turbinas de gas en cada mercado de gas de la región, consolidando al almacenamiento como la tecnología habilitadora para la integración de renovables. En Asia-Pacífico, China mantiene su posición como referencia global en costes de almacenamiento, con un LCOE más de un 55% por debajo del promedio regional, gracias a la integración de la cadena de suministro doméstica y la fabricación a gran escala. Este liderazgo chino está presionando a la media regional hacia abajo, aunque mercados como Japón, Australia y Filipinas seguirán pagando un premium debido a aranceles y costes de instalación elevados.
La competencia entre tecnologías renovables también está redefiniéndose. La energía solar con seguidores de un eje se ha convertido en la tecnología de nueva construcción de menor coste en 43 de los 48 mercados modelados, mientras que la energía eólica terrestre lidera en cinco. En el Medio Oriente, la energía solar con seguimiento de un eje se sitúa en 37 MWh, con proyecciones de caer a 24 MWh para 2035, y en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, podría bajar de los 20 MWh para 2033. En Europa, la energía solar fija mantiene su posición como la tecnología más barata, con costes previstos que bajen un 22% para 2060, aunque los costes de capital aumentaron un 14% en 2026 debido a los precios de los módulos. La eólica terrestre en Europa verá sus costes descender a 60 MWh para 2060, impulsada por factores de capacidad más altos.
En América Latina, la energía solar con seguimiento de un eje sigue siendo la tecnología de generación de menor coste, con costes que se esperan que bajan un 38% para 2060. Brasil, Chile y México tienen una ventaja estructural de costes debido a recursos solares de clase mundial. La eólica terrestre también muestra una trayectoria a la baja, con un descenso del 21% en la media regional para 2030, impulsado por la expansión de fabricantes chinos y turbinas de mayor capacidad. El almacenamiento a escala de red se expande rápidamente, respaldado por mandatos regulatorios, con costes previstos que bajen un 42% para 2060.
En Norteamérica, los costes de la solar a escala de servicios públicos están bajo presión por las tarifas, las medidas antidumping y las restricciones de importación de la Sección 232, aunque la capacidad segura de 168 GW ofrece cierta protección. La eólica terrestre se espera que vea sus costes bajar un 16% para 2060. El almacenamiento de baterías enfrenta un aumento temporal en los costes de capital debido a la recuperación de los precios de las celdas y el litio, pero se prevé una caída del 10% para 2060 a largo plazo, impulsada por la commoditización del hardware y la expansión de la cadena de suministro doméstica.
Este cambio económico no es solo sobre la competencia entre renovables, sino sobre cómo el almacenamiento y la solar juntos están redefiniendo la economía de los sistemas de energía. La combinación de costes de almacenamiento en caída y recursos renovables de clase mundial está transformando la planificación de la energía en todo el mundo, desde América Latina hasta Asia-Pacífico, marcando un punto de inflexión estructural para la transición energética global.
