Las olas de calor que azotan Europa han convertido el aire acondicionado en un campo de batalla política en Francia. Según un análisis de la BBC, las históricas reticencias francesas a la climatización artificial se han desvanecido ante temperaturas cercanas a los 40 ºC, y el debate ha dinamitado las líneas partidistas. Agrupación Nacional, el partido de Marine Le Pen, ha propuesto un fondo de préstamos a interés cero de 20.000 millones de euros para que entre 30 y 40 millones de hogares instalen bombas de calor reversibles y mejoren su aislamiento. Los ecologistas, tradicionalmente opuestos a estos aparatos por su impacto ambiental, han pasado de la prohibición a la resignación: admiten que en hospitales y otros espacios vulnerables la climatización es ya inevitable. Expertos como Le Monde y el Instituto de Economía del Clima clasifican esta adopción masiva como "mala adaptación", ya que un aparato no elimina el calor, lo traslada a la calle, y modelos climáticos indican que el uso simultáneo en una ciudad como París podría elevar la temperatura exterior entre 1 ºC y 2 ºC adicionales. La hoja de ruta francesa de adaptación, que trabaja con un escenario de calentamiento de +4 ºC, apuesta por renovar el aislamiento, sustituir asfalto por árboles y desplegar redes urbanas de refrigeración con agua fría subterránea.
