La NASA y la NOAA han confirmado que el agujero de ozono sobre la Antártida alcanzó su tamaño máximo en 2026, superando cualquier registro histórico desde 1978. El 18 de septiembre, la extensión del fenómeno fue de 27,1 millones de kilómetros cuadrados, situándose en el séptimo lugar en la lista de los mayores agujeros registrados. Aunque la capa de ozono continúa recuperándose gracias a las medidas internacionales, las condiciones meteorológicas favorables para la destrucción del ozono fueron extremadamente propicias este año. El vórtice polar antártico fue más grande de lo habitual, manteniendo temperaturas extremadamente bajas que facilitaron la reacción de cloro y bromo con el ozono. Además, los sistemas meteorológicos planetarios fueron más débiles de lo normal, lo que impidió que los vientos del vórtice polar se desplazaran hacia el sur, manteniendo las condiciones ideales para la destrucción del ozono en un área más amplia. Sin embargo, el agujero de 2026 no fue tan profundo como el récord anterior. Los científicos atribuyen esta anomalía a la combinación de un vórtice polar inusualmente grande y sistemas de viento débiles. Es importante destacar que, sin las medidas de protección implementadas, el agujero de ozono habría sido aproximadamente 3,5 millones de kilómetros cuadrados más grande. El Protocolo de Montreal de 1987, que prohibió el uso de clorofluorocarbonos (CFC), ha sido determinante para la recuperación de la capa de ozono. Según estudios recientes, estas medidas no solo han protegido la capa de ozono, sino que también han mitigado el calentamiento global. Se estima que, sin estas acciones, la concentración de dióxido de carbono habría aumentado entre 165 y 215 partes por millón adicionales para el final del siglo, lo que habría elevado la temperatura media mundial en 2,5 grados Celsius adicionales. La capa de ozono se espera que se recupere por completo para la década de 2070.
