El terminal de llegadas del aeropuerto de Roland Garros, en la isla de Reunión, funciona sin aire acondicionado, utilizando en su lugar una ventilación natural diseñada para reducir el consumo energético. El proyecto, iniciado en 2016 para disminuir las emisiones de dióxido de carbono, se completó en 2024 con un coste total de 75 millones de euros, de los cuales 60 millones se destinaron a la construcción del edificio. La arquitectura, liderada por AIA Life Designers, incorpora un diseño de 'cañón' en la cubierta que canaliza el viento tropical a través de ventiladores de 7,5 metros de diámetro, reduciendo la temperatura percibida entre cuatro y cinco grados durante los veranos húmedos. Desde su apertura, el aeropuerto ha ahorrado 150.000 euros anuales en facturas de energía, lo que representa un ahorro del 60% frente a un edificio climatizado, además de reducir las emisiones de carbono en un factor de ocho. Marc Delanoë, director de desarrollo sostenible, atribuye el éxito a la adaptación al clima tropical local y la ausencia de contaminación industrial, factores que limitan la aplicabilidad de esta solución en grandes ciudades europeas. El caso demuestra que la ventilación natural es viable en climas tropicales, aunque plantea desafíos en entornos urbanos densos y contaminados.
