Shen Anyu, actor de voz de 31 años en Xuzhou (provincia de Jiangsu, China), ha tenido que grabar cinco vídeos en el último año para demostrar a plataformas y clientes que es una persona real y no una IA. Desde 2025, las copias generadas con inteligencia artificial de su voz se han difundido de forma tan masiva en internet que las propias plataformas empezaron a etiquetar sus grabaciones originales como contenido sintético. Esa etiqueta reduce las recomendaciones, las visualizaciones y, en consecuencia, los ingresos del narrador.
El problema ha alcanzado al conjunto de profesionales chinos del doblaje en las industrias de microdramas, audiolibros y vídeos cortos. Varios intérpretes han detectado su voz en proyectos en los que no participaron; otros afirman que su timbre se vende como paquetes de voz para herramientas de edición o que los clientes lo utilizan para generar locuciones sin volver a contratarlos. Shen y su esposa, Wei Yiyuan, dedican buena parte de su tiempo a documentar las copias: recopilan vídeos y capturas, contactan con quienes los suben, presentan denuncias en las plataformas y estudian acciones legales.
Antes de la crisis, Shen había alcanzado ingresos mensuales cercanos a los 10.000 yuanes (unos 1.500 dólares), que en meses especialmente activos llegaban a 30.000 yuanes, y se había consolidado como narrador principal de un canal cinematográfico en Douyin con más de cinco millones de seguidores. Tras la aparición de su clon, antiguos colaboradores dejaron de contratarlo y algunos le ofrecieron utilizar una versión de IA de su voz a tarifas mucho más bajas. Shen no ha podido identificar al primer clonador y, por ahora, no ha conseguido frenar la difusión de las copias.
