Oppo ha presentado Bubble, una segunda pantalla magnética de 1,73 pulgadas y 27,5 gramos que se conecta de forma inalámbrica al teléfono para servir como pantalla de selfies o como disparador remoto de cámara, con un alcance de 10 metros. El dispositivo incluye una batería de 550 mAh, puerto USB-C, tres niveles de brillo, botón de encendido y obturador, y se entrega con una carcasa de silicona, un cordón en forma de estrella y un anillo magnético adhesivo, todo por 129 euros. El accesorio se acopla a la gama Oppo Reno 16, lanzada fuera de China, y a algunos modelos Reno y Find X, pero no funciona con otros teléfonos Android.
La crítica principal apunta a que Oppo todavía no ha lanzado ningún smartphone con imanes Qi2 integrados, lo que obliga a usar una funda magnética o el anillo adhesivo incluido, cuya fuerza resulta insuficiente y provoca que el Bubble se deslice con facilidad. La reseña subraya la contradicción de que un accesorio magnético esté pensado exclusivamente para teléfonos sin imanes, y denuncia la resistencia de los fabricantes Android a adoptar el estándar Qi2, con Google como excepción reciente. Frente al Insta360 Snap, de 80 dólares, el Bubble es más caro y carece de anillo de luz, pero ofrece una integración más directa con la cámara del teléfono.
