Egipto ejecuta el proyecto New Delta, una infraestructura hidráulica de 170 kilómetros que lleva agua tratada y residual desde el delta del Nilo hasta el desierto occidental para cultivar 9.200 kilómetros cuadrados de terreno árido. La iniciativa, anunciada en 2018, pretende aumentar en más de un tercio la superficie cultivable del país y reducir la presión sobre un sistema agrícola que da de comer a una población superior a los 100 millones de habitantes, concentrada en un 95% a lo largo del río.
El proyecto combina el canal Al Hammam, que recicla aguas de drenaje agrícola, con una red de tuberías subterráneas, estaciones de bombeo escalonado y la planta de tratamiento New Delta, considerada la mayor instalación de este tipo en el mundo. Imágenes satelitales de la NASA muestran campos circulares de riego por pivote central en zonas que hasta hace poco eran arena y roca.
La urgencia del plan responde a tres factores: la finalización de la presa de Asuán en 1970, que interrumpió las crecidas fértiles del Nilo; la construcción de la Gran Presa del Renacimiento Etíope, que introduce incertidumbre sobre el caudal disponible; y el rápido crecimiento demográfico, que ha disparado la dependencia egipcia del trigo importado. Analistas advierten, no obstante, que parte del agua empleada en los nuevos cultivos procede de acuíferos fósiles no renovables, lo que plantea dudas sobre la sostenibilidad a largo plazo de la transformación.
