El efecto Armstrong es el proceso físico por el cual la fricción de un fluido, principalmente vapor de agua en expansión, genera electricidad estática. Fue observado por primera vez en 1840 en Seghill, cerca de Newcastle upon Tyne, cuando el maquinista Patterson detectó chispas eléctricas junto a la válvula de seguridad de una locomotora de vapor de la mina de carbón de Cramlingham. El fenómeno tomó su nombre del abogado e ingeniero William Armstrong, posteriormente primer barón Armstrong, quien participó en su investigación junto con el químico Hugh Lee Pattinson y Henry Smith.
Armstrong comunicó el hallazgo a Michael Faraday, con quien mantuvo una prolongada correspondencia publicada en el London and Edinburgh Philosophical Magazine. En pocos meses logró producir chispas de hasta 100 mm y descartó que el origen estuviera en el interior de la caldera. También descubrió que el aire comprimido generaba un efecto análogo y diseñó un aparato con tobera de fricción capaz de producir chispas de 300 mm, con carga positiva en el vapor y negativa al añadir trementina al agua. En 1843 construyó un generador electrostático a escala real con 46 chorros de vapor, instalado en la Royal Polytechnic Institution de Londres y exportado a Estados Unidos, considerado en su época la fuente más potente de electricidad estática y única por carecer de piezas móviles.
El hallazgo impulsó la carrera científica de Armstrong: fue elegido fellow de la Royal Society en 1846 por recomendación de Faraday y Charles Wheatstone, y se convirtió en destacado industrial en ingeniería hidráulica, artillería y electricidad. Aunque su máquina tuvo un uso principalmente espectacular, el principio sigue aprovechándose hoy en pistolas de pintura electrostática. Como contrapartida, el mismo fenómeno provocó en 1969 la explosión de tres petroleros durante su limpieza con agua a presión y puede encender el gas de un aerosol si escapa por una fuga.
