Estados Unidos y China han establecido sistemas distintos para medir el tiempo en la Luna, lo que amenaza con fragmentar la futura navegación lunar. La NASA promueve el Tiempo Lunar Coordinado (LTC), pensado para su proyecto LunaNet, una constelación de satélites diseñada en 2019 que aún no tiene ningún dispositivo en órbita. China, en cambio, ya opera con el estándar Lunar Time Ephemeris (LTE-440) a través de sus satélites de retransmisión Queqiao-1 y Queqiao-2, los únicos activos en la órbita lunar.
La necesidad de una hora lunar propia responde a que la gravedad lunar, menor que la terrestre, hace que el tiempo transcurra 56 microsegundos más rápido. Un desfase de un solo microsegundo entre los relojes de a bordo y los satélites equivaldría, según los expertos, a un error de cientos de metros en el cálculo de posición, margen suficiente para que un alunizaje fracase. China demostró la viabilidad de su sistema al aterrizar con éxito en el lado oculto de la Luna gracias a Queqiao-1, ya que las ondas de radio terrestres no llegan a esa región.
Para evitar incompatibilidades, el Instituto de Estándares estadounidense (NIST) mantiene conversaciones con el Observatorio de la Montaña Púrpura, uno de los principales organismos chinos responsables de los satélites lunares. Los científicos de ambos países piden un acuerdo que unifique criterios antes de que las próximas misiones tripuladas Artemis intenten posarse en el satélite.
