Un ciudadano estadounidense que realizaba tareas humanitarias en la República Democrática del Congo ha dado positivo por ébola, convirtiéndose en el segundo americano contagiado en el actual brote del país y en el segundo trasladado a Alemania en lugar de a su propio país para recibir atención especializada.
El brote, declarado el 15 de mayo, es ya el tercero más grande registrado y continúa en expansión. Hasta el 12 de julio, el Congo sumaba 1.926 casos y 702 muertes provocadas por la cepa Bundibugyo del Ebolavirus, menos conocida que otras variantes.
Bajo la Administración de Trump, Estados Unidos ha adoptado una política marcadamente aislacionista: aplica restricciones de viaje severas y bloquea la repatriación de ciudadanos expuestos o infectados, aun contando con varias instalaciones en territorio estadounidense preparadas para tratar con seguridad a pacientes de ébola. Además, el país se ha desligado en gran medida de la respuesta internacional: Trump retiró a EE UU de la Organización Mundial de la Salud (OMS), organismo que coordina los esfuerzos para frenar la propagación del virus, que sigue avanzando más rápido que los equipos sanitarios.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, confirmó el lunes que el organismo proporcionó atención clínica al estadounidense antes de su traslado a Alemania. Tedros reconoció que los contagios entre cooperantes son esperables, pero insistió en la necesidad de reforzar la respuesta: «A medida que el brote se intensifica, es urgente una respuesta acelerada de los socios locales, nacionales e internacionales», afirmó.
