Varios drones, posiblemente lanzados desde Ucrania, violaron en la madrugada del 1 de septiembre el espacio aéreo del este de Letonia y de Estonia, lo que obligó a desplegar cazas turcos de la OTAN desde la base aérea de Ämari. Las Fuerzas Armadas letonas emitieron una alerta amarilla hacia las 02.00 hora local (23.00 GMT del lunes) para el distrito de Ludza, seguida de una alerta naranja más grave para Alūksne (noreste), que instaba a la población a resguardarse detrás de al menos dos paredes. Ambas se cancelaron en menos de una hora. Los drones cruzaron luego a Estonia, donde se activaron alertas en la mitad oriental del país hasta aproximadamente las 05.30 hora local (02.30 GMT). El coronel Uku Arold, jefe del Departamento de Comunicaciones Estratégicas de las Fuerzas de Defensa estonias, confirmó que los aparatos volaron en paralelo a las fronteras orientales de ambos países y penetraron en el espacio aéreo estonio. Los cazas de la OTAN rastrearon los drones, pero no llegaron a abrir fuego. El ministro de Asuntos Exteriores estonio, Margus Tsakhna, agradeció la rápida respuesta aliada y atribuyó la violación a la guerra de Rusia contra Ucrania, en un comunicado en el que reiteró el apoyo a Kiev y la presión sobre Moscú. Los hechos suceden tras el derribo de un dron sobre Letonia el pasado 14 de agosto por un caza aliado —el segundo tras la interceptación francesa de principios de junio— y se enmarcan en una serie de incidentes con drones en los países bálticos, entre ellos el del 7 de mayo, cuando dos aparatos impactaron contra un depósito de petróleo vacío en Rezekne (Letonia oriental).
