Drones ucranios destruyen una brigada de tanques de EE. UU. en un ejercicio militar

Fuentes: xataka.com, Ukrainian drones wipe out entire US tank brigade in live war game

Drones ucranios destruyen una brigada de tanques de EE. UU. en un ejercicio militar

Equipos de drones ucranianos aniquilaron de forma sistemática una brigada de carros de combate del Ejército de Estados Unidos durante un ejercicio militar celebrado en Alemania entre el 9 de abril y el 10 de mayo, según revelaron fuentes militares estadounidenses al Wall Street Journal. La destrucción fue tan rápida y contundente que los vehículos blindados estadounidenses tuvieron que ser "resucitados" —respawn— y reenviados repetidamente al campo de batalla simulado para que las maniobras pudieran continuar.

El ejercicio, denominado Combined Resolve y realizado con carácter semestral, reunió a unos 3.500 militares estadounidenses, principalmente soldados de la 3rd Armored Brigade Combat Team de la 1ª División de Caballería, desplegados desde Fort Hood, Texas. Esta unidad opera habitualmente carros M1A2 Abrams, vehículos de combate Bradley, infantería, helicópteros, drones y sistemas de guerra electrónica: el arquetipo exacto de la fuerza con la que Estados Unidos se ha preparado durante décadas para una gran guerra terrestre.

Frente a ellos se encontraba la fuerza de oposición del campo de entrenamiento, reforzada por soldados ucranianos del 412º Regimiento de Sistemas No Tripulados, conocido como Nemesis. Según relataron funcionarios estadounidenses y un participante al Wall Street Journal, los primeros movimientos revelaron una vulnerabilidad inmediata: los blindados pesados levantaban grandes nubes de polvo al avanzar, lo que permitía a los drones de reconocimiento ucranianos localizarlos con facilidad.

La secuencia de destrucción reproducía una rutina ya habitual en el frente ucraniano: primero llegaba un dron de reconocimiento que detectaba el vehículo y transmitía su posición; poco después aparecía un dron armado dispuesto a soltar explosivos o un dron FPV kamikaze que se estrellaba directamente contra el objetivo. Aunque en este tipo de ejercicios no se producen destrucciones reales —basta con que el dron se sitúe sobre el blindado o se acerque lo suficiente para que un observador certifique la baja—, los ucranianos lo hicieron a tal velocidad que la brigada estadounidense fue aniquilada de forma reiterada. "Ya no hay un lugar o un momento seguro en el juego", reconoció un soldado del Ejército de Estados Unidos en un vídeo promocional del ejercicio.

Lo más revelador no fue la superioridad tecnológica del equipo, sino la experiencia acumulada. Ucrania acumula casi cuatro años y medio de guerra continua en la que sus operadores modifican, reparan, arman y vuelven a lanzar drones mientras el enemigo intenta interferirlos o destruirlos. "No puedes conseguir un entrenamiento así en Estados Unidos", explicó el general de la Fuerza Aérea Alexus Grynkewich, máximo responsable militar de la OTAN, sobre las lecciones que están proporcionando los ucranianos a los aliados a base de "derrotas" simuladas.

La experiencia no se limitó a Combined Resolve. Equipos ucranianos de drones también participaron en mayo en Aurora 26, un ejercicio militar liderado por Suecia para la OTAN. Allí, una simulación de asalto mecanizado con tanques y vehículos de combate de infantería de la Alianza fue respondida por drones ucranianos que eliminaron decenas de blindados atacantes, hasta obligar a los planificadores a reiniciar la maniobra por completo, según informó The Kyiv Independent.

El episodio expone una paradoja estratégica para Washington. Estados Unidos fue pionero en convertir los grandes drones de largo alcance en instrumentos habituales de guerra y durante décadas los empleó para vigilancia y ataques a miles de kilómetros de distancia. Ucrania y Rusia, en cambio, han llevado esa lógica al extremo opuesto: drones pequeños, baratos y numerosos, empleados a escasos kilómetros —o incluso cientos de metros— del enemigo. El Pentágono está destinando miles de millones de dólares a sistemas no tripulados y antidrones, y ha solicitado más de 54.000 millones de dólares en este ámbito, una cifra que supera el presupuesto militar de la mayoría de países del mundo.

Para los analistas militares, la conclusión es clara: la doctrina terrestre estadounidense, basada en la concentración de potencia de fuego protegida por carros de combate, debe adaptarse a un entorno donde cualquier vehículo pesado puede ser detectado y destruido por un aparato que cuesta una fracción de su valor. Los soldados estadounidenses participantes reconocieron, no obstante, que la repetición continua del escenario les permitió mejorar progresivamente, aprendiendo a dispersarse, ocultarse y emplear contramedidas de guerra electrónica.

El desenlace de estos ejercicios marca un punto de inflexión en la doctrina occidental: la guerra de drones ya no es una novedad experimental, sino la nueva normalidad del campo de batalla, y las Fuerzas Armadas de EE. UU. y la OTAN están aprendiendo, precisamente de quienes llevan años padeciéndola, a sobrevivir en ella.