La startup de San Francisco Rainmaker realizó un experimento de siembra de nubes en Alaska el 23 de agosto, utilizando drones para dispersar yoduro de plata y generar 19 millones de galones de agua en tres horas. Cooper Freeman, director de la Center for Biological Diversity en Alaska, ha criticado la falta de notificación a la población local y la ausencia de monitoreo ambiental para verificar el impacto del compuesto químico. Freeman cuestiona la seguridad del experimento y advierte que la siembra de nubes no resuelve la escasez hídrica, sino que distrae de la conservación urgente del agua.
El sector de la modificación del clima enfrenta desafíos significativos, ya que la tecnología requiere condiciones climáticas específicas, como las de montañas o regiones frías, y no puede crear tormentas por sí misma. Según Jon Meyer, climatólogo del Utah Climate Center, la siembra de nubes puede aumentar la precipitación entre un 5% y un 10%, pero su eficacia es limitada. A pesar de esto, más de 50 países desarrollan programas similares y las empresas están innovando con nuevos agentes, como las proteínas biodegradables de Recast Systems, que buscan superar las limitaciones de seguridad y eficacia del yoduro de plata tradicional.
