Drones capaces de lanzar agua y retardantes de fuego se entrenan este verano en California y Alaska para sofocar incendios forestales en sus fases iniciales, en un contexto en el que el cambio climático ha convertido la temporada de incendios en una amenaza prácticamente permanente en gran parte de Estados Unidos. La mayoría de estos aparatos son mucho más pequeños que los aviones tripulados y tienen menor autonomía, por lo que no pueden sustituir a los grandes airtankers en el envío de cargas masivas a fuegos remotos, pero empresas, agencias de bomberos y los organizadores del concurso XPRIZE —dotado con 11 millones de dólares— prueban si pueden ayudar a las cuadrillas a responder con más rapidez a focos pequeños y extinguirlos antes de que se vuelvan destructivos. El Departamento de Silvicultura y Protección contra Incendios de California (CAL FIRE) realizó el 15 de julio un ensayo de campo con cinco drones autónomos que trabajaron de forma coordinada para desplegar entre 500 y 1.000 galones de espuma, en colaboración con la ONG FireWERX y la empresa californiana Seneca, que comercializará los drones a partir de 2026. Cada Argo-1 de Seneca transporta unos 100 libras de agua o retardante y opera en enjambres de cuatro a seis unidades: tras recibir un waypoint GPS del operador humano, vuelan hacia el objetivo, localizan la firma térmica con sus sensores y se alinean uno tras otro para rociar el fuego desde la altitud óptima. Con carga completa, su alcance ronda las 10 millas a unos 30 mph, lo que obliga a preposicionarlos o transportarlos en vehículo; aun así, cada dron cabe en la caja de una camioneta y dos personas pueden cargar las unidades vacías a mano.
