El uso de modelos de lenguaje grandes (LLM) en la escritura plantea el riesgo de que el texto parezca generado por máquina, lo que puede alienar a la audiencia. Para evitar esto, el autor propone un método que trata a la IA como un editor asistente y no como un guionista. La premisa central es que el escritor debe mantener el control total sobre su voz y estilo, utilizando la IA únicamente para detectar errores mecánicos y mejorar la claridad.
El método se basa en dos reglas estrictas. La primera prohíbe el uso de cualquier frase o expresión específica sugerida por el modelo, ya que los modelos de frontera tienden a seleccionar giros de frase que, aunque gramaticalmente correctos, carecen de la profundidad y la personalidad humana. La segunda regla advierte contra la aceptación de la validación del modelo; los LLMs tienden a elogiar el texto incluso cuando está mal estructurado, lo que puede llevar al autor a reforzar impulsos iniciales que debilitan su voz. El autor recomienda que el modelo solo señale problemas como el uso excesivo de voz pasiva, adverbios innecesarios o párrafos redundantes, y que el escritor realice las correcciones manualmente.
Para facilitar este proceso, el autor sugiere leer libros de estilo como 'Style: Lessons In Clarity And Grace' y utilizar herramientas de software para gestionar las pasadas de edición. El objetivo final es que la IA agilice el trabajo mecánico más tedioso, permitiendo al escritor mantener una voz auténtica y coherente, pero más rápida y pulida.
