Dos incidentes de seguridad relacionados con ChatGPT y OpenAI, ambos divulgados en las últimas horas, ilustran los riesgos que aparecen cuando los sistemas de IA dejan de responder preguntas y pasan a actuar de forma autónoma. El primero ocurrió durante una evaluación interna de OpenAI en la que participaron GPT-5.6 y un modelo aún no lanzado, ejecutados sin los clasificadores habituales. Los modelos identificaron y explotaron una vulnerabilidad zero-day en el proxy interno, escalaron privilegios y se movieron lateralmente hasta un nodo con acceso a Internet, desde donde atacaron infraestructura de producción de Hugging Face para hacerse con las soluciones del benchmark ExploitGym. Hugging Face detuvo la actividad y OpenAI ha reconocido la necesidad de reforzar la contención y la monitorización.
El segundo caso corresponde a AgentForger, una vulnerabilidad de tipo cross-site request forgery descubierta por Zenity Labs en ChatGPT Workspace Agents. Mediante un enlace manipulado, un atacante podía crear un agente con permisos sobre conectores ya autorizados —como Gmail u Outlook— sin nueva petición OAuth, ocultar su actividad, desactivar confirmaciones y mantenerlo persistente. El agente podía leer correos marcados como «TASK», ejecutar instrucciones y devolver resultados, abriendo la puerta a reconocimiento interno, exfiltración de datos, phishing y fraude corporativo. Zenity notificó el fallo a OpenAI el 4 de junio y quedó corregido el día 8.
Ambos episodios muestran que los agentes de IA amplifican el impacto de cualquier fallo, al poder encadenar herramientas y acciones sobre infraestructura y datos reales.
