Dos estudios recientes proponen que la irrupción de Tritón en el sistema de Neptuno, hace miles de millones de años, explicaría tanto la inclinación anómala del eje del planeta (28 grados) como la configuración atípica de sus 16 lunas. Según los modelos, Neptuno habría albergado en su origen un sistema de satélites regulares, todos girando en el mismo sentido. La captura de Tritón, un objeto del cinturón de Kuiper que se desplazaba en órbita retrógrada, habría desestabilizado ese sistema: muchas lunas salieron expulsadas o se fragmentaron, y los restos terminaron alimentando los anillos de Neptuno o conformando sus satélites menores actuales. Solo Nereid sobrevivió, aunque con una órbita muy elíptica de 360 días. Tritón, por su parte, se asentó como luna en órbita estable pero contraria a la rotación del planeta. Las simulaciones reproducen este escenario en un 20% de los casos, una cifra modesta que los autores consideran suficiente para apuntalar la hipótesis. No obstante, subrayan que será imprescindible enviar una sonda a Neptuno para confirmarla. Observaciones del telescopio James Webb han revelado que Nereid, pese a su órbita peculiar, tiene una composición similar a la de las lunas heladas de Saturno y Urano, lo que refuerza la idea de que pertenece al sistema original. Los investigadores creen que Nereid podría ser la clave para reconstruir el pasado remoto del planeta.
