El diseñador del lenguaje Odin, Ginger Bill, defiende que los lenguajes de programación adopten los enteros con signo como tipo predeterminado en lugar de los enteros sin signo. Aunque admite que los tipos sin signo ofrecen mejores garantías teóricas, sostiene que en la práctica provocan errores frecuentes: bucles infinitos, accesos fuera de rango y desbordamientos derivados de una mentalidad que asume que un valor nunca será negativo, cuando la aritmética intermedia sí puede serlo. Para evitar estos fallos, en Odin toda la aritmética entera —con y sin signo— se define como envolvente y se eliminan las conversiones implícitas, de modo que la intención del programador quede explícita.
El texto contrasta dos posturas enfrentadas: la de Christoffer Lernö, creador de C3, que tras cinco años cambió C3 de enteros sin signo a con signo por defecto; y la del campo 'casi siempre sin signo' (Almost Always Unsigned), que exige programadores extremadamente cuidadosos. Bill señala que precisamente quienes dominan todos los casos patológicos son los que menos necesitan un tipo predeterminado específico.
También analiza cinco estrategias posibles de conversión implícita entre enteros (sin conversión al estilo Odin, unidireccional ascendente, truncado al tamaño natural como en C, truncado al mayor tamaño disponible y propagación descendente del tipo del lado izquierdo) y argumenta que la conversión implícita es una fuente histórica de bugs en C. Por último, critica que lenguajes como Rust cambien el comportamiento del desbordamiento entre compilaciones de depuración y de producción, y concluye que el subdesbordamiento en enteros sin signo es más habitual y más dañino que el desbordamiento en enteros con signo.
