La CEO de Dazzle AI, Marissa Mayer, se ha sumado a una creciente lista de directivos tecnológicos que enfrentan críticas por comentarios percibidos como desconectados de la realidad, al promover el uso de herramientas de inteligencia artificial en aspectos cotidianos como la crianza o las relaciones sociales. Mayer solicitó ayuda a una IA para describir a su hija, mientras que Sam Altman, de OpenAI, sugirió crear podcasts personalizados para los niños y declaró que no imaginaba la crianza sin ChatGPT. Mark Zuckerberg, de Meta, ha propuesto que la IA podría satisfacer necesidades sociales y románticas. Estas declaraciones han generado escepticismo en la sociedad, que cuestiona si los ejecutivos priorizan sus propios intereses sobre los de los usuarios generales. En el podcast Equity de TechCrunch, Amanda Silberling argumenta que el problema es mixto: tanto una cuestión de marketing como de producto. Los directivos se centran en casos de uso que optimizan interacciones humanas básicas, como reservar cenas o viajes, que no representan un desafío real para la mayoría de las personas. Silberling señala que la industria tecnológica tiende a proyectar una visión de futuro donde la interacción humana se minimice, ignorando que la capacidad de hablar con otros es un factor positivo para la sociedad. Además, se critica la ineficiencia de las herramientas de IA en el ámbito de las relaciones, donde se delega la decisión de quién se saluda en un sistema que no conoce realmente al usuario. El contexto de la próxima salida a bolsa de Anthropic y la pérdida de apetito por la inversión en IA en Wall Street añaden presión a la industria para justificar estas estrategias de marketing.
