En una conferencia impartida el 6 de febrero de 1939, el físico Paul Adrien Maurice Dirac argumenta que la conexión entre las matemáticas y la física es profunda y va más allá de la simple utilidad práctica. Dirac analiza cómo la evolución de la física moderna ha transformado el papel de las ecuaciones en la descripción de la naturaleza. Comienza por el esquema mecanicista del siglo XIX, donde la simplicidad de las ecuaciones era el principio rector para inferir resultados experimentales. Sin embargo, la teoría de la relatividad de Einstein rompió con este principio, ya que sus ecuaciones son matemáticamente complejas. Dirac sostiene que la relatividad fue aceptada por la comunidad científica no por su simplicidad, sino por su 'belleza matemática', una cualidad estética que los matemáticos reconocen pero que no se puede definir rigurosamente. Esta belleza, asociada a la transición del grupo de Galileo al grupo de Lorentz, reemplazó a la simplicidad como criterio principal para los físicos. Posteriormente, Dirac examina la mecánica cuántica, que introduce la álgebra no conmutativa, un nuevo dominio de matemáticas puras. Concluye que la física y las matemáticas están convergiendo: mientras el matemático inventa las reglas del juego, la física las valida mediante la naturaleza. Dirac especula que, en el futuro, cada rama de la matemática pura tendrá una aplicación física directa, unificando ambos campos de forma que la importancia de una rama matemática en la física sea proporcional a su interés intrínseco para los matemáticos.
