Dinamarca ha puesto en marcha una batería de medidas urgentes para frenar el uso fraudulento de herramientas de inteligencia artificial en sus centros de educación secundaria, entre ellas la obligatoriedad de que los estudiantes defiendan oralmente sus trabajos escritos. La decisión, anunciada el jueves por el ministro de Educación, Magnus Heunicke, entra en vigor de inmediato y supone uno de los intentos más decididos hasta ahora por parte de un gobierno europeo de responder al desafío que la IA plantea a la evaluación académica.
La medida principal afecta a unos 9.000 alumnos de entre 16 y 19 años que cursan estudios en el llamado "gymnasiet" (la enseñanza secundaria superior danesa), quienes cada año deben presentar un trabajo escrito de gran extensión conocido como SSO ("større skriftlige opgave"). A partir de ahora, deberán defenderlo oralmente ante sus profesores, una fórmula que las autoridades consideran clave para demostrar que el alumno es realmente el autor del texto. Según el Ministerio de Educación, citado por The Guardian, se abrirán consultas con los centros para definir la mejor manera de articular estas defensas.
Además, los institutos deberán instalar herramientas de monitorización de pantallas durante los exámenes escritos y configurar cortafuegos que filtren los contenidos disponibles en la red del centro, tanto durante las pruebas como en las clases. La tercera pata de la estrategia es una recomendación, esta vez no vinculante, para que los profesores fomenten la realización de más trabajos escritos en el propio recinto escolar, en condiciones controladas que permitan seguir el proceso de elaboración y ofrecer una retroalimentación más precisa.
Heunicke reconoció el problema sin ambages: "Desafortunadamente, tenemos un problema con las trampas mediante IA en la enseñanza secundaria. Es necesario actuar ya". El ministro ha subrayado que dialogará con escuelas, docentes y estudiantes para "garantizar que la IA no socave las competencias, el profesionalismo y, sobre todo, la capacidad de pensar por uno mismo" del alumnado. El Ejecutivo prepara, además, una estrategia nacional integral sobre el uso de la inteligencia artificial en todo el sistema educativo.
Las tres principales organizaciones que representan a directores de instituto, docentes y estudiantes de secundaria recibieron las medidas con una mezcla de aprobación y cautela. Según recoge Mezha.net, pidieron "soluciones más duraderas" acordes con "el rápido ritmo de desarrollo tecnológico". Anders Frikke, representante del sector, insistió en que los alumnos deben declarar explícitamente cuándo han usado IA en sus trabajos mayores y en que la preparación de los exámenes orales se haga también sin acceso a estas herramientas. Por su parte, Oscar Tønsberg Hoffmann, presidente de la Asociación Danesa de Estudiantes de Secundaria (DGS), reclamó que el alumnado participe en el diseño de las políticas a largo plazo.
El caso danés no es aislado. En la vecina Suecia, un estudio reveló que el número de estudiantes suspendidos o amonestados por uso no autorizado de IA se disparó un 688% entre 2023 y 2025, según datos recogidos por The Guardian. La ministra sueca de Educación Secundaria, Lotta Edholm,commissionó a principios de año una revisión sobre cómo los centros están abordando estas trampas, cuyas conclusiones se esperan para abril. "No hay razón de hacer la vista gorda ante los estudiantes que hacen trampas. Hacer trampas es completamente inaceptable, sea cual sea la forma", advirtió Edholm, y alertó del riesgo de que las calificaciones dejen de reflejar los conocimientos reales.
El fenómeno, en cualquier caso, trasciende las fronteras escandinavas. La disponibilidad masiva de herramientas de IA generativa está trastocando la educación en todo el mundo, obligando a gobiernos y centros a repensar cómo se conciben las tareas, los exámenes y la propia evaluación del aprendizaje. Mientras unos países optan por regular el uso de la IA, otros debaten si conviene integrarla en la pedagogía.
De momento, Dinamarca ha elegido la vía intermedia: no prohibir la tecnología, pero blindar las pruebas frente a ella con defensas orales, monitorización y más trabajo supervisado en las aulas. La eficacia de estas medidas dependerá de cómo se implementen y de la capacidad de adaptación de un sistema que, como reconocen las propias asociaciones educativas, todavía tiene que encontrar respuestas de fondo a un problema que no ha hecho más que empezar.
