Canadá cumple diez años desde la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido, conocidos como MAID, con más de 100.000 personas fallecidas a través de este programa, según datos gubernamentales. Solo en 2024 se registraron 16.499 casos y las estimaciones para 2025 apuntan a cerca de 18.000, lo que equivale a uno de cada veinte fallecimientos en el país. Entre 2019 y 2022, las muertes anuales por MAID crecieron más de un 30 % cada año, convirtiendo a Canadá en el Estado con mayor volumen de asistenciales del mundo.
La normativa, surgida tras una sentencia del Tribunal Supremo de 2015, restringía inicialmente el acceso a pacientes cuya muerte natural se considerase razonablemente previsible. Una reforma legislativa de 2021 amplió los criterios a personas con condiciones graves e irremediables, aunque no inminentes. El Gobierno canadiense aplazó hasta 2027 la expansión que permitiría acceder a la eutanasia cuando la única afección sea una enfermedad mental.
La propuesta ha sido rechazada por la ONU, a través de su Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, y por organizaciones como Inclusion Canada, que alertan sobre el riesgo para colectivos vulnerables. Un estudio de 2024 identificó más de 400 irregularidades en Ontario desde 2018 sin que se hayan producido prosecutions. Además, la prensa ha recogido casos como el de un sacerdote católico al que, según las denuncias, se le ofreció la eutanasia en dos ocasiones durante un ingreso hospitalario.
