Un incidente durante una presentación interna en Meta ha sacado a la luz el profundo malestar que atraviesa la división de inteligencia artificial de la compañía. Según una grabación obtenida por WIRED, un empleado irrumpió en una videoconferencia retransmitida en directo con una airada protesta llena de improperios, arremetiendo contra la dirección y exigiendo que los responsables transmitieran un mensaje a un alto ejecutivo de Meta AI al que tachó de "pedazo de mierda". Uno de los presentadores se cubrió el rostro con las manos ante la sorpresa general, mientras los asistentes comentaban en el chat el arranque "picante" de la sesión.
El estallido refleja una frustración creciente dentro del equipo de Applied AI (AAI), una unidad de aproximadamente 6.500 ingenieros y gestores de producto formada en marzo para respaldar el trabajo de los investigadores de Meta Superintelligence Labs (MSL). Tres empleados actuales, que hablaron con WIRED bajo condición de anonimato por no estar autorizados a comparecer ante la prensa, describieron un ambiente de desmotivación generalizada. "Es literalmente el gulag", afirmó uno de ellos. "De repente no tienes ningún propósito en la vida, apenas interactúas con nadie, simplemente recibes estas tareas cada semana".
Otro empleado explicó que algunas de las tareas asignadas —como generar puzzles para evaluar la fiabilidad de los modelos de IA de Meta y sus competidores— resultan sencillas comparadas con el trabajo de desarrollo de software que realizaban anteriormente. "Casi todos" los compañeros parecen insatisfechos, aseguró. "La mayoría encuentra el trabajo devastador para el alma", añadió un tercero.
Applied AI no es la única área donde las tensiones están desbordándose. La reciente reestructuración de la compañía, que incluyó el despido del 10% de la plantilla —unos 8.000 empleados— el mes pasado, ha generado una carga adicional de trabajo y estrés en divisiones como ingeniería de centros de datos e Instagram. En toda la empresa, más de 1.600 empleados han firmado una petición para exigir el fin de una iniciativa que monitoriza los clics y pulsaciones de teclado del personal en Estados Unidos con el fin de generar datos de entrenamiento para IA, un programa que la compañía ya ha suavizado parcialmente.
Durante una reunión abierta a todos los empleados de Instagram esta semana, el director de producto de Meta, Chris Cox, calificó el ambiente de "difícil" y "brutal" y reconoció la "locura" reciente de la compañía. Comparó la situación con "correr una maratón en medio de una granizada y que, además, te cambien al compañero de equipo y te estén grabando". Cox insistió en que la IA "no es ni Dios ni el diablo" y pidió a los líderes reconectar con la plantilla.
En un memorando interno difundido el viernes, el consejero delegado Mark Zuckerberg admitió que los cambios organizativos han causado malestar y asumió errores. "Dado lo complejo de estos cambios, hemos cometido errores y casi seguro cometeremos más", escribió, al tiempo que reiteró su promesa de no realizar más despidos masivos este año. Anunció, además, un plan para limitar el número de empleados por manager —una proporción que en equipos como Applied AI se había disparado hasta 50 a 1— y la celebración de un gran hackatón el mes próximo para tratar de cohesionar a la plantilla.
Zuckerberg también abordó directamente la situación en Applied AI, a la que describió como un "punto de paso" y no un destino final: "El trabajo en AAI es fundamental para avanzar en nuestros modelos y permite que personas muy talentosas contribuyan a esos esfuerzos mientras creamos otros roles en los que puedan aportar a lo largo de los próximos meses". Los ingenieros seleccionados para la unidad no tienen opción: deben incorporarse o abandonar la empresa, una exigencia inusual para empleados técnicos altamente valorados en Silicon Valley que ha llevado a algunos a autodenominarse "reclutados a la fuerza".
La organización ha crecido en oleadas desde principios de abril, y algunos miembros describen con crudeza la reacción de cada nueva remesa de recién llegados. Una parte del personal debe completar dos tareas por semana, como generar problemas complejos de programación para entrenar y evaluar modelos de frontera. Un trabajador calificó el encargo de "mecánico y poco creativo", asegurando que no aprovechan su conjunto de habilidades y que se sienten contratados para desarrollar aplicaciones para miles de millones de personas y, en cambio, ahora ensamblan datos para cientos de científicos de IA.
El episodio pone de relieve los retos que enfrenta Meta en su intento de competir en el creciente mercado de servicios de inteligencia artificial. Tras lanzar hace tres años modelos abiertos pioneros, la compañía ha obtenido resultados desiguales con sus versiones posteriores, y Applied AI es una de las iniciativas más costosas impulsadas por Zuckerberg para intentar revertir esa tendencia. Mientras la dirección presenta la unidad como un trampolín hacia roles más atractivos, los testimonios recogidos reflejan una brecha cada vez mayor entre el discurso corporativo y la experiencia cotidiana de unos empleados que, según los documentos internos y las grabaciones obtenidas por WIRED, atraviesan uno de los momentos de menor moral de la historia reciente de la compañía.
