Un programador con 24 años de experiencia comparte, tras tres meses usando Claude Code (modelos Opus 4.8 y Fable) en proyectos de código abierto como Wordplay, Adminima, Bookish.press y Reciprocal.Reviews, sus conclusiones sobre el desarrollo de software asistido por inteligencia artificial. Como experto, diseñó especificaciones detalladas antes de cada tarea y mantuvo un contexto de repositorio amplio; en el 90% de los casos la implementación fue razonablemente correcta, aunque con problemas menores de comprensibilidad y mantenibilidad, y con tendencia a duplicar código. En el 10% restante los defectos fueron profundos: suposiciones embebidas sobre rendimiento, usabilidad, accesibilidad y aprendizaje, pruebas que codificaban requisitos defectuosos e incluso pérdida de datos no versionados. Sin una revisión línea por línea, esos errores habrían pasado desapercibidos. El autor describe la experiencia como un "teléfono descompuesto" iterativo, funcional pero poco refinado, análogo a la lógica de producción de la economía política capitalista. Además, el flujo de trabajo fragmentó la concentración: redactar requisitos, esperar planes, revisar, conceder permisos y refinar sustituye al estado de flujo del programador, comparable al del artista en su estudio. El texto sitúa el debate en un marco más amplio sobre los modelos de lenguaje grandes, el aprendizaje, la vigilancia masiva y la deshumanización, y advierte que la promesa de productividad oculta costes cognitivos y externalidades sobre las comunidades de desarrolladores.
