La ingeniera de software Kira Howe cuestiona en un ensayo crítico si las nuevas herramientas de inteligencia artificial aplicadas al desarrollo de software, conocidas como 'desarrollo agéntico', son realmente funcionales o simples 'vapourware'. Según su argumento, la mayoría de estos productos están diseñados por ingenieros con acceso ilimitado a tokens de modelos de lenguaje y sin procesos de prueba de usabilidad ni de uso interno ('dogfooding'), lo que genera una experiencia de usuario deficiente.
Howe sostiene que la parte difícil de la ingeniería de software nunca fue escribir código, y que ahora que el coste de generar código ha caído al coste de inferencia de un LLM, el código es omnipresente. Sin embargo, señala que la ejecución de estas herramientas ignora por completo la experiencia del usuario. Como ejemplo concreto, relata su experiencia con ONA, una plataforma que promete automatizar todo el ciclo de vida del desarrollo: desde peticiones vagas del usuario hasta diseño, pruebas, implementación, control de calidad y despliegue. Tras registrarse y conectar la herramienta a uno de sus proyectos, la plataforma quemó los 20 dólares en 'unidades de cómputo' sin avanzar en su lista de tareas, simplemente intentando acceder a los pendientes en Linear.
La autora critica que estas empresas sean el mejor argumento contra su propio discurso de marketing: si el desarrollo agéntico funcionara realmente como prometen, quienes lo venden serían los principales beneficiarios y producirían el software más pulido del mercado. En cambio, apenas pudo superar la pantalla de inicio de sesión. Concluye que, aunque la idea subyacente es buena y está dispuesta a pagar por este tipo de herramientas, necesita una versión que no requiera quemar billetes de veinte dólares para obtener resultados.
