El bioquímico Sébastien Fontaine, del Instituto Nacional francés de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, ha demostrado que el suelo privado de toda vida sigue respirando durante al menos seis años. Su equipo publica los resultados en Science Advances tras irradiar muestras de tierra con rayos gamma: aun cuando los microscopios no detectaban microorganismos vivos, las muestras continuaban consumiendo oxígeno y liberando dióxido de carbono de forma estable.
El hallazgo fue accidental. Hace quince años, Fontaine intentaba fijar una línea base de carbono en suelo inerte; las emisiones de CO₂ descendían tras la irradiación, pero nunca desaparecían. Para descartar contaminación o errores, el equipo repitió los ensayos con dosis mayores de radiación, calor y presión, comprobó al microscopio que las células carecían de ADN y ARN, y verificó que reintroducir microbios disparaba las emisiones muy por encima de lo observado en las muestras estériles.
La investigación señala que minerales del suelo —óxidos de hierro y aluminio— podrían catalizar reacciones del ciclo de Krebs sin la intervención de enzimas celulares. Los autores detectaron cuatro de los ocho intermediarios conocidos de ese ciclo en muestras estériles de seis meses, y diseñaron una pila de combustible que registró flujo de electrones a través del suelo. Químicos consultados, como Joseph Moran (Universidad de Ottawa) y Joshua Schimel (Universidad de California en Santa Bárbara), sostienen que el trabajo refuerza la hipótesis de que reacciones bioquímicas esenciales pudieron producirse antes de la vida en la Tierra.
