Delhi, la capital de la India, se enfrenta a una nueva ola de contaminación durante el invierno, caracterizada por temperaturas bajas y vientos lentos que atrapan los contaminantes cerca del suelo. El gobierno municipal ha implementado un Plan de Acción Invierno que opera desde el 1 de noviembre hasta el 28 de febrero, restringiendo la entrada de vehículos antiguos, prohibiendo la construcción exterior y limitando el uso de vehículos privados. Estas medidas se complementan con el Plan de Respuesta Graduada (Grap), que restringe el uso de generadores diésel y la quema de carbón según el nivel de la calidad del aire. A pesar de estos esfuerzos, los expertos advierten que la falta de ejecución efectiva y la necesidad de medidas a largo plazo en sectores como la generación de energía y la industria impiden una solución definitiva. Los índices de calidad del aire (AQI) superan frecuentemente los 300, niveles clasificados como 'muy pobres', con lecturas que alcanzan los 500 o incluso 1.000 según rastreadores internacionales. La Organización Mundial de la Salud recomienda un límite de 15 microgramos por metro cúbico de PM2.5, un estándar que Delhi supera por más de 25 veces. Además de los daños a la salud respiratoria y cardiovascular, las restricciones causan congestión en las fronteras con ciudades satélite como Noida y Gurugram. Aunque la presión pública y las protestas son constantes, la población se ve obligada a permanecer en la ciudad debido a sus empleos y responsabilidades familiares, enfrentando una realidad de contaminación que persiste año tras año.
