En 1999, cuando nació MSN Messenger, chatear requería encender el ordenador en casa y esperar a que el contacto estuviera conectado; 27 años después, WhatsApp ha llevado la conversación al bolsillo y eliminado horarios, espacios fijos y la espera. El artículo repasa las principales diferencias entre ambas plataformas: el paso del PC al móvil, la desaparición de los estados personalizados y los 'nicknames' con personalidad frente a nombres reales y al doble check, y la nostalgia del zumbido que no tiene equivalente en WhatsApp. También aborda el archivo automático de conversaciones, la generalización de las videollamadas con buena calidad, el lenguaje abreviado (TQM, TKM) sustituido por audios y emojis, y la mayor facilidad —y a la vez invasividad— de añadir contactos a través del número de teléfono. El texto cierra subrayando que, pese a ser más potente, WhatsApp no ha igualado la huella emocional de Messenger, porque chatear ha pasado de ser un momento especial a otra pieza del ruido cotidiano.
