Del "venderte es de perdedores" a las Oreos de Lady Gaga: cómo murió la ética punk

Fuentes: Stop eating Lady Gaga's Oreos

En 1992, Pearl Jam respondió al éxito arrollador de su álbum debut "Ten" rechazando rodar vídeos musicales durante cinco años, rehusando entrevistas y descartando de su segundo disco la canción "Better Man", que su productor consideraba un éxito seguro. A pesar de todo, ese segundo álbum vendió casi un millón de copias en su primera semana y permaneció más de un mes en el número uno de Billboard. La anécdota ilustra un zeitgeist muy diferente al actual: en los años noventa, "venderse" estaba mal visto. Era la época de "Super Size Me", las protestas de la Batalla de Seattle, "Fast Food Nation" de Schlosser y "No Logo" de Klein. Una banda de rock podía perder su credibilidad para siempre por aparecer en un anuncio de Miller. Treinta años después, ese espíritu ha desaparecido. Meghan Thee Stallion es franquiciada de Popeyes, Drake promociona casas de apuestas, Maroon 5 versiona a Bob Marley para Hyundai, Ice Spice lanza un menú con Dunkin', Iggy Pop vende seguros, Bob Dylan aparece en un anuncio de Victoria's Secret y Lady Gaga firma Oreos temáticos de su álbum "Chromatica" que se agotan en las tiendas. W. David Marx, autor de "Blank Space", atribuye el cambio al poptimismo, la idea de que la música popular merece el mismo reconocimiento que cualquier otro arte. Nacido como reacción al rockismo —el elitismo que reservaba la autenticidad artística al rock con guitarra eléctrica—, el poptimismo acabó abrazando la cultura comercial sin reservas. Los fans actuales celebran las colaboraciones entre sus artistas favoritos y las marcas, por descaradas que sean. El texto reflexiona sobre cómo el estigma de "venderse" se transformó en entusiasmo por las sinergias entre música y consumo de masas.