Este ensayo recorre la historia de la tipografía matemática y la presenta como una forma de visualización de datos más que como un simple sistema de transcripción. El autor parte de la idea de que componer matemáticas impresas siempre ha sido considerablemente más difícil que componer texto corriente: en la era predigital, los libros repletos de ecuaciones se conocían como "penalty copy" por el tiempo y el coste añadidos que exigían a las imprentas.
El texto sitúa la imprenta de tipos móviles de Johannes Gutenberg en el siglo XV como el momento bisagra de la alfabetización masiva, equiparable al lenguaje hablado o a internet en su capacidad para democratizar el conocimiento. La innovación clave de Gutenberg no fue inventar la imprenta ni los tipos móviles, sino desarrollar una aleación de plomo que podía fundirse y verterse en un molde (la matriz), junto con una tinta apta para adherirse a ese metal. Su sistema separó la fundición de tipos de la composición, lo que permitió escalar la producción de libros. La Biblia de Gutenberg, impresa hacia 1450, requirió cerca de 300 piezas individuales de tipo y sigue considerándose una obra de arte del arte negro de la imprenta.
La composición manual se transmitió durante más de cuatrocientos años hasta que la Revolución Industrial introdujo máquinas como Monotype (de Tolbert Lanston) y Linotype (de Ottmar Mergenthaler). El autor defiende que conocer esta historia ayuda a valorar las herramientas digitales actuales —como LaTeX, muy superiores a los editores de ecuaciones de Microsoft Word— y a recuperar la elegancia en la presentación de las matemáticas, una cualidad que la profesión actuarial ha descuidado en las últimas dos décadas.
