Del Magnetophon nazi a la pista de risas: así nació la grabación magnética moderna

Fuentes: How a Nazi Era Tape Recorder Gave Birth to the Laugh Track

La grabación magnética de alta fidelidad que popularizó los jingles, los discos y las pistas de risas de la televisión tiene un origen inesperado en la Alemania de los años treinta. En 1928, el inventor Fritz Pfleumer patentó un papel magnetizado capaz de registrar sonido, una idea derivada de su trabajo con pigmentos para boquillas de cigarrillos. En 1932, Pfleumer se alió con el fabricante AEG, que desarrolló el hardware, y con I.G. Farben (hoy BASF), que fabricó la cinta. El resultado fue el Magnetophon, presentado con éxito en la Feria de Radio de Berlín de 1935. El modelo K4 de 1938 incorporó la polarización de corriente alterna, una técnica que eliminó el siseo y la distorsión y permitió grabaciones indistinguibles de una retransmisión en directo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen nazi utilizó el Magnetophon para emitir los discursos de Adolf Hitler desde localizaciones falsas, dificultando su ubicación por los Aliados. Finalizada la guerra, el ingeniero estadounidense Jack Mullin envió dos unidades desmontadas a California y las mostró al cantante Bing Crosby, que buscaba una alternativa a los discos de vinilo para pregrabar su programa de radio. Crosby invirtió 50.000 dólares en Ampex para fabricar una versión estadounidense, y en 1947 se convirtió en el primer gran astro de la radio estadounidense en emitir shows pregrabados. La tecnología derivada del Magnetophon permitió, con el tiempo, la popularización de la pista de risas en las comedias televisivas, al facilitar la grabación y mezcla de audio en estudios.