El parchís, uno de los juegos de mesa más conocidos del mundo y especialmente popular entre familias por la sencillez de sus reglas, tiene un origen milenario que combina historia, cultura y leyenda. Los historiadores situan sus raíces más probables en la India mogol del siglo XVI, donde el emperador Akbar I el Grande era un gran aficionado al 'chaupar' o 'pacisi'. Para jugar mandó construir un tablero de mármol en forma de cruz en su palacio de Agra, usando a dieciséis jóvenes de su harén como fichas divididas en cuatro equipos de colores, con el rey sentado en el centro controlando los movimientos. El juego también se extendió entre la clase humilde, que lo jugaba sobre un paño con piedras coloreadas y conchas caurí a modo de dados.
La palabra 'parchís' procede del indostaní 'pachisi' o 'pacis', que significa 25, la puntuación máxima que se podía obtener. Algunos investigadores apuntan además a un posible precedente maya en el siglo VII, documentado en el Códice Magliabecchiano con el juego 'patolli', o incluso un origen chino anterior en el 'ch'u-p'u' de las dinastías Wei y Song.
En Europa se documenta una versión similar desde el siglo XVI, cuando Francisco I de Médici regaló un juego al rey español Felipe II. La versión occidentalizada llegó en 1862 bajo el nombre de 'parkase' y se hizo popular en los salones aristocráticos, donde la reina Victoria llegó a ser una jugadora habitual. En 1867 John Hamilton registró los derechos en Estados Unidos como 'parcheesi', y en 1874 la marca fue adquirida por Selchow & Righter, que convirtió el Parchís en el juego más vendido antes de la competencia de Transogram en 1938.
