El Reino zulú, conocido como Zululandia, se erigió durante el siglo XIX como una de las grandes potencias del África austral gracias a una profunda transformación militar y social impulsada por Shaka. A partir de un conjunto de clanes nguni asentados en la costa sureste africana, Shaka construyó un estado capaz de dominar el territorio comprendido entre los ríos Pongola y Tugela y de imponer tributos a numerosos pueblos vecinos. Para ello, reorganizó el ejército en regimientos (amabutho) con identidad propia, alojados en aldeas fortificadas denominadas ikhanda, y sometió a los guerreros a un entrenamiento exigente —unos 32 kilómetros diarios— que les daba una movilidad notable.
La innovación táctica fue decisiva. Frente a las prácticas previas basadas en ataques y retiradas, Shaka impulsó el combate cuerpo a cuerpo. Popularizó la lanza iklwa, una variante de la assegai diseñada para apuñalar a corta distancia, y desarrolló la maniobra isiCwe (cuernos de toro), en la que dos alas envolvían al adversario mientras el cuerpo central lo aplastaba. El ganado constituía la principal fuente de riqueza y prestigio, y la población se organizaba en umizi, asentamientos circulares de chozas. La expansión desencadenó el mfecane, una etapa de desplazamientos masivos y conflictos que alteró el equilibrio político del sur de África y llevó a varios grupos a zonas de las actuales Malaui, Mozambique y Zimbabue.
La presión colonial británica puso fin a esa independencia. Bajo Cetshwayo, los zulúes obtuvieron una victoria resonante en Isandlwana durante la guerra anglo-zulú de 1879, pero la artillería y las armas de fuego inclinaron la balanza. La caída de Ulundi y la captura de Cetshwayo acabaron con la soberanía del reino, que fue fragmentado y finalmente incorporado a las estructuras coloniales sudafricanas. El historiador John McBride recordó que, en su apogeo, el territorio zulú había multiplicado por doce su tamaño original.
