Decir que programar nunca fue lo difícil es un insulto a los programadores

Fuentes: "Code was never the hard part" is an insult to all programmers

La irrupción de los modelos de lenguaje generativos ha desatado un debate recurrente en el sector del software: que los grandes modelos de lenguaje son buenos generando código, pero que la programación nunca fue la parte difícil y que lo verdaderamente complejo es decidir qué construir. El autor rebate esa idea y sostiene que se trata de un desprecio injusto a la profesión. Si programar fuera tan sencillo, pregunta, ¿por qué los programadores han gozado durante décadas de alta demanda y salarios elevados, por qué existen libros densos como 'Clean Code', 'The Pragmatic Programmer' o 'The Art of Computer Programming', por qué se organizan bootcamps y carreras universitarias entera dedicadas a ello y por qué se venera a figuras como John Carmack o Fabrice Bellard? Si decidir qué construir fuera el reto verdadero, ¿por qué los product managers no son los mejor pagados ni se someten a entrevistas tan exigentes como las de programación?

El texto también desmonta el cliché del "programador medio" y describe la tensión real que viven los desarrolladores: la necesidad de compaginar la artesanía del código con la empatía hacia el cliente y los stakeholders. Reconoce que la industria atraviesa un cambio tectónico impulsado por la inteligencia artificial, pero advierte contra dos posturas opuestas: afirmar que el código es trivial o presentarlo como una expresión artística imposible de automatizar. En su lugar, propone entender qué cambia y qué permanece: el software seguirá siendo más complejo y seguirá necesitando mantenimiento, mientras que los clientes seguirán sin saber expresar exactamente lo que quieren. Para prosperar en este escenario, el autor recomienda curiosidad crítica, discernir entre hype y utilidad, y dedicar tiempo a comprender campos adyacentes como la experiencia de usuario, las entrevistas a clientes o la estrategia de negocio del propio sector.